• La riqueza de conceptos, la sensibilidad estética y la fuerza incomparable, gracias a las cuales debe su longevidad.
• La contribución de su alfabeto, uno de los mayores logros de la humanidad, que hizo posible el desarrollo y la difusión de la literatura, la filosofía y las ciencias. Este alfabeto fue la “madre” de muchos otros alfabetos que o bien han desaparecido o se han conservado hasta hoy. Ejemplos representativos son el etrusco, el latino y el cirílico.
• La creación de los grandes géneros literarios que sobreviven hasta nuestros días y continúan inspirando al mundo civilizado, como la poesía, el teatro, la retórica, la novela, la historia y muchos otros.
• El desarrollo del pensamiento filosófico, cuyos conceptos y términos seguimos utilizando hoy.
• Su importancia como lengua de la democracia y de sus instituciones.
• El hecho de que constituye la base lingüística de todas las ramas científicas (matemáticas, astronomía, geografía, física, medicina…).
• Que es la principal fuente del lenguaje y la terminología de la filología.
• Que fue el vehículo para la expansión y la internacionalización de la religión cristiana, y fuente de inspiración y expresión de conceptos espirituales.
• Que fue la base del Renacimiento y del pensamiento occidental.
• Que sigue siendo la fuente inagotable del vocabulario de las lenguas occidentales en todos los aspectos de su cultura: literatura, ciencia, filosofía, religión…
Indudablemente, la lengua griega, durante más de cinco siglos, constituyó y sigue constituyendo uno de los principales pilares de la educación occidental y de las ciencias humanísticas, y, por lo tanto, un legado que debemos asegurar para las generaciones futuras, como portadora de historia, memoria e identidad.